No recuerdo un momento de mi vida en el que el baile no estuviera presente. Empecé a bailar cuando aún no tenía uso de razón y crecí entre salas de baile. Allí encontré mucho más que una pasión: encontré una forma de vivir. Mi familia, mis amistades y algunos de los recuerdos más importantes de mi vida nacieron entre la música y el movimiento.
Con el paso de los años, esa pasión se convirtió en mi profesión. Fueron mis propios profesores quienes me animaron a empezar a enseñar al ver la forma en la que conectaba con las personas y cómo disfrutaba ayudando a los demás a avanzar.
Después de más de doce años impartiendo clases de bailes sociales, comprendí algo que cambió por completo mi manera de enseñar: cada persona aprende de una forma diferente.
Algunos necesitan más tiempo. Otros necesitan entender el porqué de un movimiento antes de poder hacerlo suyo. Y otros simplemente necesitan que alguien crea en ellos.
Fue entonces cuando entendí que mi trabajo no consistía en enseñar figuras, sino en ayudar a las personas a desarrollar las herramientas necesarias para que pudieran bailar con confianza, comprender el movimiento y disfrutar de verdad del proceso.
Así nació Soul & Movement.
No como una escuela. No como un método. Sino como una forma de entender la enseñanza.
Para mí, el baile es un idioma universal con el que las personas pueden comunicarse sin necesidad de hablar. Es conexión, confianza, emoción y crecimiento.
Y si hay algo que sigue haciéndome feliz después de todos estos años, es ver ese instante en el que un alumno deja de dudar de sí mismo y empieza a disfrutar de todo lo que es capaz de hacer.
Porque enseñar a bailar nunca ha sido mi objetivo. Mi verdadero propósito siempre ha sido acompañar a las personas para que descubran todo su potencial a través del baile.